El semillero del mundo

Uno se siente allí como al final de un vuelo transoceánico: ha ido bajando la temperatura en cabina mientras dormía, y se revuelve en el asiento ligeramente incómodo. Los dedos y la punta de la nariz se le han quedado fríos, el oxígeno entra raspando en las fosas nasales y valora la posibilidad de pedir otra manta a la azafata. O quizá un vaso de agua. Agua, eso es. Nota la piel tensa, y las uñas dejan un rastro blanco en la epidermis. Lo que le ocurre es que ha empezado a desecarse. Hay que atravesar dos puertas herméticas para entrar en la estancia de unos 40 metros cuadrados. Dieciséis grados. Quince por ciento de humedad. Como en cabina. Cestas. Sacos. Bolsas. Apilados con estricto orden británico junto a las paredes y formando una isleta en el centro. El ambiente seco y fresco adormece miles de semillas a un tiempo. Les extrae casi toda el agua. Paraliza sus moléculas. Detiene su metabolismo. Ya sólo despertarán en condiciones favorables, cuando vuelvan a beber y a sentir la noche y el día y el paso de las estaciones. >>

1 comentario todavía ↓

#1 Cristina el 01.06.10 a las 12:25

Me ha conmovido su reportaje. Tanto que no he podido terminar de leerlo sin derramar unas lagrimas. Acabo de empezar Biotecnologia. Y me ha sorprendido conocer los procesos y busquedas para intentar conservar la biodiversidad del planeta. Esta magnificamente escrito. Es como un viaje para conocer los panes que algunas personas han emprendido, considerardolo necesario para el futuro. Gracias por el reportaje. Mi mas sincera enhorabuena.

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