La mañana del 18 de diciembre de 2009, el ahora testigo protegido T/001/219/09 se encontraba en el interior de una furgoneta. Las manos atadas con cinta aislante. La cabeza, cubierta con una capucha. Recibiendo puñetazos, palos y patadas en el cuerpo y en los genitales, según su relato. La cara se la dejaron intacta:
-Canta, ¿dónde está la coca?
Lo desnudaron. Uno de los “cinco o seis” agresores le agarró de los testículos mientras le obligaba a palpar el filo de una navaja. Para que sintiera de cerca el riesgo de que se los rebanaran. Le preguntaron por un compañero de oficina y por el jefe de la empresa para la que trabajaba, una agencia de aduanas que tramita el paso de contenedores y mercancía en el puerto de Algeciras, el de mayor tráfico de España. Le hablaron de un contenedor procedente de Bolivia. Él recordó haberlo despachado unos días atrás. Y que traía lamas de tarima flotante. Poco más. O eso dijo. Le respondieron que estaban pensando en traer también a su hija para preguntarle a ella dónde estaba “la farlopa” de ese contenedor. Le ataron una brida alrededor del dedo corazón de la mano izquierda y otra en el dedo gordo del pie izquierdo. Lo colocaron de pie y le sujetaron el cuerpo y la pierna entre varios y le advirtieron: “No te muevas”. Notó cómo el tajo de un hacha le amputaba de cuajo el dedo gordo del pie izquierdo desde la primera falange. El índice le quedó colgando. Le siguieron golpeando y preguntando por el contenedor de origen boliviano. Cayó al suelo. Lo volvieron a sentar. Luego, oyó una conversación en la que hablaban de liarle cinta aislante alrededor de la cabeza para evitar que salieran fluidos. Al dispararle, se entiende. Le colocaron un arma cerca de la sien, obligándole a palparla con la mano. Oyó cómo cargaban la pistola. Suplicó de rodillas que no lo mataran. Y entonces lo dejaron descansar. Le preguntaron por otro contenedor que llegaría desde Bolivia. Le dieron los datos. Le dijeron que lo despachase, ofreciéndole una suma de dinero. Él dijo que lo haría gratis. Le bastaba con que le dejaran libre. Lo hicieron. En casa contó que había tenido un accidente. En el hospital, que se había cortado mientras podaba un abeto (se acercaba la Navidad). >>
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