Teresa Perales, la sirena paralímpica

Son las once de la mañana en una calle del centro de Zaragoza y Teresa Perales surge como una figura menuda al fondo, sentada en una silla de ruedas, a las puertas del edificio de Radio Nacional de España. Acaba de concluir una entrevista. La segunda del día. Al acercarse a ella, uno no puede evitar posar los ojos en la enorme sonrisa, un imán ante cualquier mirada, el polo magnético de su rostro. Nos lo habían avisado: el optimismo y la vitalidad de esta mujer son contagiosos. Ocurre desde el primer vistazo. Alza la barbilla para dar dos besos. Lleva una visible capa de maquillaje, recuerdo de la primera entrevista de la mañana en la televisión aragonesa, y una pincelada púrpura sobre los ojos, grandes y almendrados como el cuerpo de un pez sin cola. Bajo la camisa de flores se intuye un tronco robusto y una espalda bien armada, en contraste con las piernas delgadísimas e inmóviles, coronadas, en la punta, por unas bailarinas con tachuelas y lentejuelas. >>